Ramón Estruch, M.D., Ph.D., Emilio Ros, M.D., Ph.D., Jordi Salas-Salvadó, M.D., Ph.D., Maria-Isabel Covas, D.Pharm., Ph.D., Dolores Corella, D.Pharm., Ph.D., Fernando Arós, M.D., Ph.D., Enrique Gómez-Gracia, M.D., Ph.D., +14 , for the PREDIMED Study Investigators. Published June 13, 2018. N Engl J Med 2018;378: e34. DOI: 10.1056/NEJMoa1800389
El estudio PREDIMED (Prevención con Dieta Mediterránea) se diseñó para responder a una pregunta clave: ¿puede una dieta mediterránea reducir el riesgo de infarto, ictus o muerte cardiovascular en personas con alto riesgo? Para ello, los participantes se dividieron en tres grupos: dieta mediterránea + aceite de oliva virgen extra, dieta mediterránea + frutos secos y dieta baja en grasa (grupo control). No se restringieron calorías ni se pidió aumentar el ejercicio físico, el foco se puso en la alimentación.
La dieta mediterránea está compuesta por abundantes frutas y verduras, legumbres, pescado, aceite de oliva como principal grasa, consumo moderado de vino (opcional), y bajo consumo de carne roja y ultraprocesados.
Los resultados fueron contundentes: un 30% menos de riesgo de sufrir infarto, ictus o muerte cardiovascular en los grupos de dieta mediterránea frente al grupo bajo en grasa. El beneficio fue especialmente claro en la reducción del ictus. Ambos grupos (aceite de oliva y frutos secos) mostraron beneficios similares, lo que sugiere que el patrón global de dieta mediterránea es clave y que tanto el aceite de oliva virgen extra como los frutos secos aportan un efecto protector adicional.