Hoja de ruta para mejorar la salud y el bienestar de la población, reforzando el sistema de salud pública, coordinando las actuaciones entre administraciones y promoviendo la prevención de enfermedades y la promoción de la salud. Surge tras la experiencia de la pandemia de COVID-19 y pretende preparar mejor al sistema sanitario frente a futuros retos de salud.
La estrategia busca reforzar las estructuras de salud pública para mejorar la capacidad de prevención, vigilancia y respuesta, lo que conlleva una optimización de la coordinación entre administraciones. Asimismo, se propone modernizar los sistemas de vigilancia epidemiológica y reforzar la capacidad de respuesta ante crisis sanitarias como pandemias, brotes o riesgos ambientales.
Apuesta por políticas que fomenten estilos de vida saludables y entornos que favorezcan la salud. Esto incluye actuaciones sobre alimentación, actividad física, salud mental, prevención del tabaquismo o reducción de riesgos ambientales. También destaca la importancia de actuar sobre los determinantes sociales de la salud, como el entorno, el nivel socioeconómico o la educación, que influyen en la salud de las personas.
Uno de los principios centrales es la equidad y, además, promueve la participación de comunidades, asociaciones y ciudadanía en la mejora de la salud, pues considera esencial la colaboración entre sectores.