El estudio revisa la evidencia científica sobre el concepto de adicción a la comida, explorando cómo algunos alimentos pueden activar los mismos circuitos cerebrales que participan en las adicciones a sustancias como el alcohol o las drogas. Los investigadores utilizan instrumentos como la Yale Food Addiction Scale (YFAS) para identificar comportamientos compatibles con adicción alimentaria en estudios clínicos.
Los alimentos ultraprocesados activan los circuitos de recompensa del cerebro. El consumo frecuente de alimentos muy sabrosos y ricos en azúcar o grasa estimula el sistema de recompensa cerebral, especialmente el sistema dopaminérgico mesolímbico, que también interviene en las adicciones a sustancias. Tanto en estudios con animales como en humanos se han observado patrones característicos de las adicciones, como: ansia o deseo intenso (craving) por ciertos alimentos, consumo compulsivo o atracones, tolerancia, necesidad de comer más para obtener la misma sensación y síntomas de abstinencia cuando no se consumen.
La ingesta excesiva y continuada de alimentos ultraprocesados puede alterar la señalización de dopamina, reducir el control del corte prefrontal, encargado de la toma de decisiones y el autocontrol, así como activar mecanismos relacionados con el estrés, lo que refuerza el consumo compulsivo. Comprender estos mecanismos es clave para abordar problemas como: obesidad, trastornos por atracón y consumo excesivo de alimentos ultraprocesados. Además, estas conductas pueden ser más frecuentes en contextos donde el acceso a alimentos saludables es limitado.