Frente a las dificultades de acceso, desigualdades territoriales, falta de personal y condiciones laborales mejorables en el sector de los cuidados en la Unión Europea, esta recomendación busca garantizar el acceso a cuidados de calidad, asequibles, oportunos y adecuados, evitando desigualdades económicas o geográficas.
Además, promueve la atención centrada en la persona. Los cuidados deben adaptarse a las necesidades individuales y se fomenta que las personas puedan mantener su autonomía y vivir en su entorno habitual el mayor tiempo posible. Para reducir la dependencia de instituciones, promueve alternativas como la atención domiciliaria y los servicios comunitarios.
De igual forma, reconoce el papel clave de los cuidadores informales (familiares) y propone medidas como formación, apoyo económico y conciliación laboral. A su vez, destaca la necesidad de atraer más profesionales, mejorar salarios y condiciones, y garantizar formación continua.
Otra clave es el reconocimiento de que las muejres asumen la mayor parte de los cuidados, por lo que fomenta políticas para equilibrar esta carga y reducir desigualdades de género.