Casanova-Pagola, Julia et al. iScience, Volume 29, Issue 1, 114381
Actualmente, no existe una cura eficaz para la enfermedad de Alzheimer, por lo que los investigadores se han centrado en encontrar estrategias que puedan retrasar su aparición o ralentizar su evolución. Una de las hipótesis más estudiadas es la reserva cognitiva, es decir, la capacidad del cerebro para mantener su funcionamiento incluso cuando ya existen cambios patológicos. En este contexto, se ha analizado si la estimulación cognitiva prolongada desde etapas tempranas de la vida de ratas modificadas genéticamente puede ayudar a proteger el cerebro frente al deterioro.
Como resultado, los animales que recibieron entrenamiento cognitivo mejoraron su memoria a edades avanzadas y conservaron mejor la conectividad entre regiones cerebrales clave para la memoria. Además, ayudó a preservar la organización de las redes neuronales, relacionada directamente con un mejor rendimiento en pruebas de memoria durante el envejecimiento. Esto sugiere que la actividad intelectual a lo largo de la vida puede fortalecer los mecanismos de resiliencia cerebral.
Los animales estimulados también mostraron mejora de los marcadores de plasticidad sináptica (capacidad del cerebro para adaptarse), cambios en los circuitos neuronales inhibitorios y una respuesta inflamatoria cerebral menos intensa alrededor de las placas amiloides.
Los resultados mostraron diferencias entre sexos: los machos obtuvieron beneficios más claros del entrenamiento cognitivo, con mejor memoria y conectividad cerebral; mientras que las hembras mostraban inicialmente mayor resiliencia molecular, con niveles más altos de proteínas relacionadas con la plasticidad neuronal. Esto indica que el alzhéimer puede evolucionar de forma distinta en hombres y mujeres.
